Linfoma

15.09.2025

¿QUÉ ES EL LINFOMA?

El linfoma es un tipo de cáncer que se desarrolla en el sistema linfático, la red de defensa de nuestro cuerpo contra infecciones y enfermedades.

Esta red, incluye los ganglios linfáticos, el bazo y la médula ósea, y tiene como "guardianes" a los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco.

En las personas con linfoma, estos linfocitos comienzan a crecer de manera descontrolada. Este crecimiento anormal puede inflamar los ganglios y afectar el funcionamiento de todo el sistema, debilitando la capacidad del cuerpo para protegerse.

Existen dos tipos principales de linfoma: el linfoma de Hodgkin y el linfoma no Hodgkin


Síntomas y señales de alerta

El linfoma puede manifestarse de formas distintas en cada persona. Aunque estos signos no siempre indican la presencia de la enfermedad, justifican una consulta médica para una evaluación completa:

  • Ganglios inflamados: bultos sin dolor en el cuello, las axilas o la ingle.

  • Fiebre y sudoración intensa: fiebre persistente o sudoración nocturna sin una causa evidente.

  • Fatiga extrema: cansancio que no mejora, incluso tras descansar.

  • Pérdida de peso inexplicada: adelgazamiento en un período corto de tiempo.

  • Picazón en la piel: malestar o picazón generalizada.

Detectar estos signos a tiempo puede marcar una gran diferencia en el tratamiento y en la recuperación.

Causas y factores de riesgo

Las causas exactas del linfoma aún no se comprenden por completo. Se sabe que la enfermedad se desarrolla cuando los linfocitos, un tipo de glóbulo blanco, comienzan a crecer de manera anormal.

Aunque no siempre es posible identificar un desencadenante, existen algunos factores que pueden aumentar el riesgo:

  • Edad y sexo: Ciertos tipos de linfoma son más frecuentes en adultos mayores y en varones.

  • Sistema inmunológico debilitado: Las personas con inmunodeficiencias o que han recibido trasplantes tienen un riesgo mayor.

  • Infecciones crónicas: Algunos virus o bacterias pueden alterar el sistema inmunitario y favorecer la aparición de la enfermedad.

  • Factores genéticos y ambientales: Cambios en los genes o la exposición a determinadas sustancias químicas pueden influir en su desarrollo.

Es crucial recordar que la presencia de uno o varios de estos factores no implica que se desarrollará un linfoma, y muchas personas diagnosticadas no tienen ningún factor de riesgo identificable.

Cómo se diagnostica el linfoma

El diagnóstico de un linfoma es un paso clave que brinda claridad y abre el camino hacia el tratamiento. El proceso suele comenzar con la evaluación de los síntomas, pero el diagnóstico definitivo se confirma mediante una biopsia. En este procedimiento, se extrae una pequeña muestra de tejido —generalmente de un ganglio linfático inflamado— para analizarla en el laboratorio.

Además de la biopsia, los médicos utilizan otras herramientas para obtener una visión completa de la enfermedad y determinar su alcance. Análisis de sangre y estudios por imágenes (como tomografías o PET) ayudan a planificar el tratamiento más adecuado para cada persona.

Aunque este proceso puede generar ansiedad, es el camino para obtener respuestas claras. Cada estudio representa un paso hacia la comprensión y la acción.

Tratamiento y cuidados

El tratamiento del linfoma es un proceso individualizado que se diseña en conjunto con el equipo médico. Su elección depende de varios factores, como el tipo específico de linfoma, el estadio en el que se encuentra y las características propias de cada persona.

Las principales opciones terapéuticas incluyen:

  • Quimioterapia: Uso de medicamentos para destruir las células cancerosas o impedir su crecimiento.

  • Radioterapia: Aplicación de radiación dirigida para eliminar células cancerosas en zonas localizadas.

  • Inmunoterapia y terapias dirigidas: Estimulan el sistema inmunitario para que reconozca y ataque de forma específica a las células tumorales.

  • Trasplante de médula ósea: En ciertos casos, permite reemplazar las células enfermas por células madre sanas.

Además del tratamiento médico, el cuidado integral es fundamental. Mantener una alimentación equilibrada, contar con apoyo emocional y realizar controles médicos periódicos contribuye al bienestar durante todo el proceso. Disponer de información clara y un plan terapéutico adecuado puede marcar una gran diferencia en el camino hacia la recuperación.


Tras recorrer este camino, comprendemos que el linfoma es un desafío, pero no una batalla solitaria.
La información es nuestra mejor aliada: nos permite reconocer las señales, entender el proceso de diagnóstico y afrontar el tratamiento con mayor claridad.

Con la ciencia de nuestro lado y el apoyo de una red de seres queridos y profesionales, la lucha contra el linfoma se convierte en un camino con esperanza.
Lo más importante es recordar que nadie tiene que transitarlo solo.